Doctor Web

Julio 07, 2013 / por / 0 comentarios



La sobreabundancia de información en Internet, está provocando nuevas enfermedades relacionadas con la World Wide Web, utilizando la información que nos suministra nuestro buscador como sustituto de la consulta de nuestro médico de cabecera.

La información médica que nos encontramos puede ayudarnos a entender mejor una enfermedad, pero de la misma manera, como sucede en el grueso de la población que no posee formación médica, puede llevarnos a la confusión y provocar ansiedades relacionando síntomas con enfermedades e incluso diagnósticos caseros.

Este binomio de exceso de información por un lado y de falta de formación para interpretarla por otro, da lugar a un nuevo tipo de enfermedad conocida como cibercondría, por su parentesco con la hipocondría.

Según La Vanguardia, el 85% de los pacientes consultan la web antes de dirigirse a su médico de cabecera. Los hipocondriacos 2.0, como los define El País, bucean en Internet buscando respuestas para sus dolencias, de manera que un simple dolor de cabeza se puede convertir en un tumor cerebral o una mancha en la piel puede ser un cáncer de piel.

cBelling

Catherine Belling, autora del libro A Condition of Doubt: The Meanings of Hypochondria (La condición de la duda: los significados de la hipocondría) y profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern (Estados Unidos), señala que debido a estas causas la relación de médico-paciente se vuelve más esencial que nunca.

La experta explica que “para los hipocondríacos el miedo es una fuente real de sufrimiento. La hipocondría se basa en el terrible miedo de tener una enfermedad y de que nadie te crea. Tu doctor no puede encontrarla, pero eso no significa que dejes de pensar que existe, de que está ahí. Eso hace que los hipocondríacos se vuelvan ansiosos y estén aislados del resto”.

Por eso Internet actúa como un gran buffet libre del que estas personas se pueden servir a su antojo el plato que más gusten.

De esta forma la cibercondría es un síndrome de consultar compulsivamente los síntomas padecidos en un buscador de Internet en vez de consultarlos con un médico. El resultado es que los doctores constatan que les llegan pacientes con autodiagnósticos a menudo errados o llegan exigiendo cierto tipo de exámenes y conociendo los efectos secundarios de los remedios que se les recetan. Otro posible desenlace es una peligrosa automedicación por parte del paciente.

Para paliar un tema tan delicado como es la correcta interpretación de la salud, proponemos dos posibles caminos: la mejora de las vías informativas relacionadas especialmente con estos aspectos y una mayor educación sanitaria hacia la población para prevenir estos casos.

De todos modos, por mucha información a la que podamos tener acceso de esta u otra manera, nunca debemos tratar de sustituir la relación de confianza creada entre el médico y su paciente.

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